El presidente Donald J. Trump anunció el 7 de julio de 2025 la extensión de tarifas recíprocas, que ahora expirarán el 1 de agosto, y comunicó a varios países nuevos aranceles que buscan equilibrar las relaciones comerciales estadounidenses. Según la Casa Blanca, la medida responde a la persistencia de un “grave déficit comercial” y a la necesidad de “establecer relaciones comerciales más recíprocas”.
Países afectados y nuevas tasas
Las cartas enviadas a gobiernos extranjeros notifican aranceles que oscilan entre 25% y 40%, dependiendo del país. Entre los afectados se encuentran Japón (25%), Corea (25%), Sudáfrica (30%), Malasia (25%), Indonesia (32%), Tailandia (36%), entre otros. En algunos casos, los aranceles serán menores a los anunciados en abril; en otros, mayores.
Objetivo: reducir el déficit y exigir reciprocidad
La administración Trump sostiene que estas acciones buscan corregir “desequilibrios sistémicos” en las tarifas y “tomar de vuelta la soberanía económica” de EE. UU. El comunicado señala que la estrategia apunta a países que no han eliminado barreras arancelarias y no arancelarias que afectan a trabajadores y empresas estadounidenses.
Incentivo a la manufactura local
Trump subrayó que no se aplicarán tarifas a los países que decidan fabricar o ensamblar productos en suelo estadounidense, prometiendo procesos de aprobación “rápidos y profesionales” para fomentar la creación de empleos en EE. UU.
Contexto y próximos pasos
Desde la modificación de tarifas hace 90 días, varios países han accedido a reducir sus aranceles y barreras no arancelarias, pero el déficit comercial estadounidense sigue siendo alto. La Casa Blanca advirtió que podrían enviarse más cartas con ajustes a otros países en las próximas semanas.
“President Trump is using tariffs as the necessary and powerful tool to put America First after many years of unsustainable trade deficits that threaten our economy and national security.”
Conclusión
La decisión de la administración Trump de ampliar y ajustar tarifas recíprocas marca un nuevo capítulo en la política comercial de EE. UU., con repercusiones directas para socios internacionales, empresas y consumidores. La medida busca presionar a otros países para que adopten condiciones comerciales más equilibradas y refuercen la manufactura estadounidense, en un contexto de persistente déficit comercial.






